Enrique Pérez Díaz

Enrique Pérez Díaz
(La Habana, 1958). Este polifacético creador ha abordado la literatura para niños desde todas las perspectivas. Como ensayista, su obra ha sido publicada en los principales medios impresos de su patria, Colombia, Argentina y México. Conferenciante, ha recorrido Europa y América, en muchas ocasiones también como cuentacuentos. Aunque sus cuentos y poemas para niños transcurren en el mundo de hoy, Enrique siempre apuesta por la imaginación y la fantasía. Posibilitador de imposibles, sus muchos libros describen el poder que las hadas otorgaron a este isleño para convertir la tierra firme en un mundo dúctil de sueños. Es director de la Editorial Gente Nueva. Vive en La Habana. (María García Esperón)

Los que escriben para niños...

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Entrevistas de Enrique Pérez Díaz a autores de LIJ. Columna en Cubarte

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Archive for noviembre 2011

Honran al escritor Enrique Pérez Díaz en El autor y su obra

Fuente: TelePinar

El escritor y periodista Enrique Pérez Díaz, recibió el homenaje del Instituto Cubano del Libro (ICL) en su habitual espacio El autor y su obra, que tuvo por escenario a la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena, de la Habana Vieja.
Sus compañeros señalaron que fue un privilegio ver como creció la vasta creación literaria de Enrique y como su pasión por el arte de escribir y contar historias se plasmaron en títulos que sedujeron a sucesivas generaciones de lectores.
Con cerca de un centenar de libros, del también director de la Editorial Gente Nueva se destacó su sencillez, sentido de justicia y de la amistad, así como también por la entrega infinita a la Revolución.
Su alto poder de convocatoria entre los amantes de la lectura, no solo infanto juveniles, fue otro de los aspectos subrayados por los panelistas y colegas de Enrique Pérez, un escritor al decir de ellos comprometido con su tiempo y su vocación, de gran disciplina y perseverancia admirables.
Enrique Pérez Díaz agradeció este gesto del ICL cuando hay tantos autores que también pudieran merecerlo por tener mucho más edad que él, en tanto reafirmó que escribir será siempre un reto.
En declaraciones a la prensa, dijo que este tributo es un estimulo a su obra más que a su persona y escribir para niños y jóvenes le hace sentir muy bien, pues crea sin ataduras, a la vez que recibe el cariño de los pequeños.
Como proyectos actuales está haciendo poesía, también juvenil, porque no le es posible desvincularse de ese mundo de la fantasía, y además lleva la dirección de la Editorial con las responsabilidades que esto implica.
Enrique Pérez Díaz (1958) escribe textos pletóricos de ilusión y fantasía en el abordaje de temas contemporáneos, los cuales integran programas docentes en naciones como Estados Unidos, España, Argentina, México, Colombia, entre otras.
Ha sido traducido a idiomas como el inglés, italiano japonés, portugués y alemán.
(AIN)
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Enrique Pérez Díaz: un autor sin edad, por Madeleine Sautié R.

Enrique Pérez Díaz
Un autor sin edad
MADELEINE SAUTIÉ RODRÍGUEZ
Fuente: Granma


Mucho de magia y otro tanto de deleite tuvo el homenaje que el espacio El Autor y su Obra, del Instituto Cubano del Libro, tributó este noviembre a ese escritor "sin edad" que es Enrique Pérez Díaz, cuya pasión por inventar historias se renueva en cada jornada que amanece.
Para conseguirlo, los colegas suyos de la editorial Gente Nueva, que dirige este narrador prolífero, así se lo propusieron sin que demasiado empeño les llevara la faena, si se tiene en cuenta la originalidad de las acciones culturales que, en torno al libro, emprende esa institución, que como una eficaz "fábrica" de literatura infanto-juvenil, despliega ininterrumpidamente.
Cuando el agasajado —que apareció en el escenario tras la narración oral de un cuento, como un personaje escapado de su argumento— estuvo frente al público que se congregó en la Biblioteca Rubén Martínez Villena para compartir ese momento de distinciones, ya tenía el auditorio en sus manos un "tesoro de papel" (poemas inéditos de Enriquito adheridos a un origami) y un manojo de referencias sobre el también periodista y editor, que entre imágenes y voces en off, prepararon a los presentes para una velada inolvidable.
Esta vez no hubo un panel de presentadores que al tocarle su turno hablarían de la obra del autor que trajo a esos fantásticos personajes universales, que son las hadas, hasta nuestros tiempos, para impregnarles un hálito de educativa actualidad.
Para hacerlo, y sin previos aprestos, el autor fue sorprendido por la notable escritora Nersys Felipe, hermana mayor de profesión, que no quiso faltar a la cita y por el también escritor y poeta Nelson Simón, cuya asistencia al convite se remite a la causa del corazón y del cariño, por alguien que le transformó el camino literario, "el hombre que ha sabido hacer una obra de a poco, comprometida con la infancia, transgresora y de mucho rigor".
Otros amigos como Omar Felipe Mauri, quien "lo vio nacer a la Literatura" y Alga Marina Elizagaray, que le reconoció esa vocación que, desde el lector, convirtió "en oficio de creador por obra y gracia del esfuerzo y del talento propios" se sumaron al diálogo conformado entre el narrador de cuentos y los espectadores a los que el tiempo se les hizo ostensiblemente breve para percibir el contacto en vivo con uno de los más renombrados autores de la literatura cubana infantil de su generación.
Su larga lista de premios y bien merecidos reconocimientos sopesan esa entrega suya con que se honra Gente Nueva al acometer el feliz y difícil reto de escribir para las nuevas generaciones:
"Mi ángel ha sido siempre el trabajo; mi demonio, la apatía, la indiferencia, el ocio, la indolencia y el abandono o menosprecio del trabajo y es que creo en este como una fuerza renovadora y telúrica capaz de cambiar el mundo."
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Enrique Pérez Díaz: rompiendo las fronteras de la literatura, por Helen Hernández


Fuente: La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana

Rompiendo las fronteras de la literatura
Helen Hernández • La Habana
Fotos: Cortesía del entrevistado

El niño de mi cuento no le teme a las brujas, los vampiros o los editores de libros. Creer en las hadas, la magia, los duendes y las cigüeñas funciona como un conjuro para paliar los horrores de la vida; sin embargo, la voluntad y el amor de los seres humanos le han resultado siempre el mejor argumento desde el cual desatar su imaginería.
De pequeño, podía convertirse en un gato y subirse a los árboles para hacer travesuras con los amiguetes sin importar los consejos de la madre y la abuela de no hacer disparates que despertasen el asma. Otras veces, le salían ojos de búho con los que hurgaba en la biblioteca escolar, donde encontró libros que lo sumergieron en parajes ignotos y lo hicieron vivir como suyas las más increíbles aventuras ideadas por hombres de otras épocas como Salgari, Verne y Mark Twain.
Aquel afán de lectura lo llevó un día a crear sus propias historias, distintas a las líneas fantásticas usuales en la literatura para niños y niñas. Quería mostrar los conflictos de las personas en las primeras edades de la vida con la sinceridad como única fórmula, despojado de viejos tabúes y mitos que menosprecian la capacidad intelectiva de la infancia. Para qué más héroes buenitos, obedientes y sabios en los libros cuando se mantenían casi ausentes otras miradas a la familia, el divorcio, la incomprensión de los adultos, la lucha contra la intolerancia y el autoritarismo, la defensa de los sueños, la ilusión y el desarrollo del albedrío humano; asuntos narrados por él con un aliento que los críticos llamaron “renovador, insolente y posmoderno”.
En medio de esa búsqueda, el personaje de esta historia, Enrique Pérez Díaz (1958), creció y se convirtió en escritor de cuentos, novelas, ensayos, poemas y artículos. Pasó primero por el periodismo, siguiendo en sus tiempos de reportero del periódico Tribuna de La Habana y la Agencia de Información Nacional (AIN) el riquísimo contexto cultural de la década de los 80.
Los estudiosos coinciden en llamarlo el más fecundo narrador contemporáneo para niños, niñas y jóvenes de Cuba y algo de ello habrá si cuenta con casi cien libros publicados y premios como La Edad de Oro, Pinos Nuevos, Ismaelillo, Abril,La Rosa Blanca de la sección de Literatura Infantil de la UNEAC y la Mención Especial del Premio Iberoamericano Para Leer el XXI, del IBBY, entre otros. Muchachos y muchachas de EE.UU., España, Argentina, México, Martinica y República Dominicana han leído sus obras como parte de los programas escolares, y también está traducido al inglés, portugués, japonés, alemán, euskera e italiano. Minicuentos de Hadas (1991), Mensaje (1991), ¿Se jubilan las Hadas? (1995), Inventarse un amigo (1993), País de Unicornios (1999),Escuelita de los horrores (2000), El niño que conversaba con la mar (1997),Minino y Micifuz son grandes amigos (2000) y Las cartas de Alain (2001) son algunos de esos libros que han marcado la literatura infantil en Cuba y Latinoamérica.


De mayor, Enrique no perdió la capacidad mágica de multiplicar el tiempo para ser además presidente de la sección de literatura infantil de la UNEAC por 15 años, miembro del Comité Cubano del IBBY y, desde 2007, director de la editorial Gente Nueva, donde se ha enfrascado en actualizar el catálogo con las nuevas tendencias de la literatura infanto-juvenil en Cuba y el mundo.
Cuando es necesario, el hombre-niño corre veloz como los unicornios y afila su cuerno ante las injusticias, la insensatez y la mediocridad. Otras veces, encuentra la calma y se deja preguntar, como los buenos amigos, luciendo la sonrisa más amplia que rostro humano es capaz de albergar. Se parece a esos muchachos intranquilos, a punto de convertirse en paloma y lanzarse a un vuelo muy alto; pero se mantiene a mi lado y me narra sus hazañas por el reino de las letras, uno de esos cuentos atrevidos y llenos de voluntad.

Enrique en el mundo de los libros
La cercanía con la literatura le viene por vocación familiar. Un abuelo periodista, una abuela aficionada a la lectura y la madre profesora de inglés y piano le inclinaron a convertirse en lector. “Era un niño muy inquieto, pero a la vez padecía de asma y eso me limitaba la actividad física, aunque no mi deseo de treparme en los lugares, escaparme, subirme por un árbol de tronco al techo de la casa, ir a la playa, etc. Si amanecía con falta de aire no podía asistir a la escuela y leer era entonces mi salida. Estudiaba en Ciudad Libertad, y a las 4 de la tarde me iba a la biblioteca porque ese era el único escape que tenía. Además, mi madre trabajaba en la Dirección Nacional de Bibliotecas Escolares en los primeros años de la Revolución y allí llegaban todos los libros importados para el sistema de bibliotecas públicas gracias a lo cual me leí un fondo de literatura infantil muy amplio. Me gustaba más la literatura heroica. Primero leí a Emilio Salgari, Agatha Christie, Julio Verne, libros de misterio y El país de las sombras largas que a los cuentos clásicos”.
Poco a poco fue canalizando su vocación, despuntando primero por sus posibilidades de expresión oral y escrita en la vida de estudiante, hasta que siendo un adolescente escribió su primera obra de teatro para que fuera representada por los alumnos que recibían clases de inglés con su madre.





“La propia vida me inclinó a ser escritor y poco a poco le fui cogiendo el gusto. Siempre he escrito por una necesidad personal, sin proponerme un determinado tema. Lo hago porque me siento fascinado por una historia, según mi estado de ánimo. Ahora estoy escribiendo poemas porque tengo poco tiempo, muchas tensiones de trabajo y preocupaciones. Los problemas de Gente Nueva no he logrado dejarlos fuera de mi casa y no estoy tan concentrado para escribir como solía.”

Un periodista no puede ser tímido
Entre los animales preferidos por Enrique se encuentran los gatos y los búhos, además de los perros a los que lleva comida en la playa cercana a su casa. Por eso quería estudiar veterinaria, pero los amigos y la familia lo conminaron a optar por las letras, siguiendo el camino del abuelo.

"Una amiga me recomendó ser periodista, pero no creí que me fueran a dar la carrera porque era muy mal estudiante. No obstante, me aceptaron y una vez allí la licenciatura no me gustaba nada en el sentido académico y hasta tercer año estuve por dejarla”. Fue entonces cuando comenzó a colaborar con la redacción cultural del recién fundado periódico Tribuna de La Habana y le llegó una segunda escuela, en la que un día entrevistaba a Mocedades y otro a Joan Manuel Serrat.


En el Presidio Modelo, durante sus labores como reportero de la AIN 

“Existía una vida muy rica en materia cultural en la década de los 80 y de todo eso me nutría. La AIN, a donde llegué después de graduado, me permitió un rigor de trabajo que agradeceré toda la vida. Era redactor y reportero, lo cual me hizo escribir con una fluidez y agilidad que ha servido a mi obra literaria. A veces la gente no se da cuenta que desde que comencé a trabajar estaba obligado a escribir de diez mil cosas y diez mil maneras a la vez, lo mismo una noticia, un reportaje o un servicio especial. Por eso puedo tener tantos libros.
“A las personas les cuesta mucho escribir y el periodismo me ayudó a soltarme. Veo a editores pasarse dos horas para hacer una nota de contracubierta y yo la termino en el momento. El que se ha tenido que enfrentar a una página en blanco sabiendo que tiene que terminar en unas horas adquiere un grado de locura, un arrojo que le permite lanzarse al abismo a ver qué pasa. El periodismo me dio esa soltura y a la vez me ayudó a vencer la timidez ante un entrevistado, ante un editor y por supuesto ante la página en blanco, que es la peor.”

Escribir realidades difíciles
Mientras se afanaba como reportero, la literatura seguía brotando. Enrique formaba parte del movimiento de talleres literarios existente en Cuba en la década de los ochenta. “Aunque el taller literario no me hizo daño, tampoco obtuve mucho bien, porque proponía una forma muy establecida de escribir y aprendí que uno tiene que ir encontrando por el camino su propio acento”.
En 1984 una antigua compañera de su madre que trabajaba en la Biblioteca Nacional le abrió los archivos de textos que llegaban del extranjero para que los valorase. “Fue un ejercicio crítico muy importante, porque esos libros acababan de entrar en el país y yo era el encargado de recomendar si podían o no pasar a la sala de lectura infantil”.
Uno de aquellos volúmenes le cambió la vida al joven periodista y escritor. Se trató de El Papá de Noche, una novela de María Gripe cuyo argumento habla de una niña llamada Julia, hija de madre soltera, a quien cuida un muchacho que tenía un búho llamado Contrabando. Entre ambos se instaura una relación afectiva muy fuerte que lleva a la pequeña a tomar a quien la cuida como su papá.
“La obra me impactó pues abordaba un tema de la vida real. En aquella época los libros infantiles en Cuba estaban en la cuerda fantasiosa, como si todos los niños de aquí vivieran en un paraíso, cosa que yo sabía incierta. Me propuse entonces escribir sobre las realidades difíciles de los niños cubanos, que es una marca en mi obra.”
Entre las primeras personas que Enrique mostró aquellos cuentos con los que pretendía revolucionar la literatura infantil en la Isla estuvieron Félix Pita Rodríguez y Dora Alonso, a quienes había conocido en sus labores como periodista. “Les mostré la primera versión de La vieja foto para ilustrarles la manera en que quería cambiar lo hecho hasta el momento en este campo según mis inexpertas armas. Dora me dijo que aquello no era literatura infantil, pero Félix opinó lo contrario. Tenía dos caminos, creer a uno u otro, dos escritores a los cuales después admiré y quise mucho”.
El libro resultó mención única del concurso La Edad de Oro en 1989, aunque solo fue publicado 20 años después por la editorial Oriente. Luego Enrique ganó el premio en 1993 con Inventarse un amigo y ahí se desató el éxito como narrador.
“En la literatura para niños advertí, como escritor y como lector, una apertura temática mayor que en la literatura para adultos. Esta última se inhibe, se cierra a los temas aprobados, más reales. En la literatura infantil saltas del realismo para la fantasía más desbordante sin que nadie lo cuestione, porque hay una amplitud estilística y temática mayor. Se rompen mucho más las fronteras y desde el primer momento me sentí más cómodo saltando los límites.”






Casi cien libros para un mismo autor

Dicen que no hay quien logre contar todo los libros publicados por Enriquito. Su esposa Galia lleva la cuenta: “casi un centenar”, pero ni siquiera en su casa han podido guardarse cada una de sus incursiones editoriales. “La publicación es otro azar”, replica como quien no ha hecho gran cosa. “Depende del gusto de quien te evalúa, de quien te lee. A lo mejor mis libros más entrañables y queridos no están publicados todavía, pero los que sí lo están dependieron de muchos factores extraliterarios.
“La cantidad de libros publicados tiene también que ver con la voluntad, dada en parte por el periodismo. Al vencer el miedo a escribir enfrenté la literatura como un deporte. No es que la tomara deportivamente, sino con seriedad y rigor, como un reto. Yo he tocado la puerta de una editorial hasta diez veces y solo entonces me han venido a publicar.
“Siempre lo vi como un problema de obra, no personal. Yo soy un hombre y puedo caerle bien al editor aunque mi libro no le guste. Cuando mando a un concurso, que es hoy menos frecuente, lo hago como un principiante, porque se trata de un libro nuevo. El jurado no está premiando a la persona sino a la obra que leyeron. Es importante saber que la obra no es uno mismo. La vida del escritor es aparte. Hay que ser una persona, trabajar, tener contacto con la gente. Por eso nunca me he propuesto vivir de mi literatura, porque trabajar en algo más me parece una manera de ser útil”.

No existen temas proscritos
La tendencia a tratar en la literatura para niños, niñas y jóvenes conflictos sociales candentes está marcando parte de lo que se hace hoy en la Isla por los autores de esta corriente creativa. No obstante, Enrique no piensa que la cuestión radique en el tema, sino en hacer buena literatura.
“Todo depende del libro. A lo mejor alguien escribe diez veces sobre la prostitución y hay una divertida, otra dan ganas de llorar y otra parece abominable. No es que el sexo, la muerte o la deserción escolar tengan que estar proscritos en la literatura infantil. Pero lo primero que tienes que tener es una historia, y los temas salen después. Con lo que sí no estoy de acuerdo es con la ñoñería de la literatura infantil cubana de algún momento, sobre todo durante el quinquenio gris.”
“Mis historias salen como soy yo, agitado, haciendo 20 cosas a la vez, casi cinematográficamente. Yo era muy solemne en mis libros, muy nostálgico, y un buen día escribí Escuelita de los horrores, que es una dura crítica a la escuela como institución en cualquier país del mundo y adquirió una interpretación diferente según la experiencia de cada lector. Incidí mucho tiempo con el tema del divorcio, pero desde las secuelas que deja en los niños, en la familia, la manera en que se refleja creativamente en sus vivencias. Hay que ser verosímil en lo que uno cuenta, el tema saldrá después.”





En cuanto al sufijo, pues sobra. “Se trata de literatura, solo que en este caso toma como objeto creativo el universo infantil. A veces me preguntan que cuándo voy a escribir para adultos y yo respondo que toda mi vida he estado escribiendo para todas las edades. La literatura para niños es aquella con la que mayor cantidad de adultos están trasegando. El libro que se lee un niño lo lee primero el adulto, que es siempre el que te premia, te publica y te edita. Desde ese punto de vista es que la haces más creíble, más rica. Mi literatura no es tan infantilista, sino que está escrita pensando también en los padres, porque me interesa que me lean además los grandes”.
Quienes escriben para la infancia aún siguen siendo juzgados desde ese otro espacio, como si por el tipo de público se tratase de una literatura menor, disminuida. “En el mundo de la literatura adulta no significamos nada. Solo somos ‘aquellos que escribimos para niños’. Se hacen eventos de narrativa y no se invitan a narradores infantiles, sin darse cuenta que actuamos con las mismas armas porque la literatura es una. Eso repercute en el nivel de invisibilidad que tiene el llamado género, que no es tal porque son muchos géneros dentro de un movimiento. Por eso apenas hay premios nacionales de escritores infantiles aunque existen figuras establecidas como Nersys Felipe, Julia Calzadilla, Ivette Vian, Enid Vian, Luis Cabrera, etc. No hay en los grandes escritores cubanos una concientización de que lo que nosotros escribamos va a permitir que los lean a ellos mañana.
“A veces en la literatura para niños se han dicho cosas antes que en la de adultos, más ciertas y con más trascendencia. Lo que pasa es que nadie nos ve ni nos oye, salvo los de nuestro mismo movimiento. Eso también se circunscribe a un panorama de crítica literaria que es bastante escaso y eso conspira a favor de esa invisibilidad.”
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¿Qué hace falta para escribir para la niñez?, le pregunto.
“Lo primero es haber leído buena literatura. Luego hay que tener ritmo, ser ameno, interesante, tener mucha contradicción. Los diálogos son algo que se debe trabajar mucho, al igual que las contradicciones de los personajes, porque el más malo tiene alguna arista buena y si logras que el lector adivine eso ya estás convenciendo. No puede ser ni maniquea, ni esquemática, ni falsamente educativa. Debe educar a trasluz, no directamente.”

El arte de vender libros
“La literatura infantil se ha convertido en un gran negocio”, me explica. “Todas las grandes editoriales que distribuyen en América Latina tienen un fondo diferente para cada país. Los autores que lees en Argentina por Alfaguara no los lees en Chile, Perú o Brasil. Lo que está mandando no es la calidad ni el movimiento, sino la distribución comercial. ”
Desde ese punto de vista, quienes escriben en Cuba tienen más difícil insertarse en mercados internacionales y, por tanto, darse a conocer.
“Somos un país bloqueado y eso nos limita. Depende mucho la literatura del mercado, pero nosotros, que estamos ajenos a ese mundo, no podemos ni pensar en llegar ahí. Para que te conozcan internacionalmente no lo decide ni un libro, ni una feria. Incluso algunos ganadores del Premio Hans Christian Andersen, el Nobel de la Literatura Infantil, quedan olvidados porque no forman parte de ese mecanismo. Tendría uno que convertirte en un fenómeno Harry Potter para trascender de esa manera. La saga no estaba ni escrita y ya era promovida”.


Desde la Editorial Gente Nueva Enrique se ha propuesto un replanteamiento de las colecciones para dar a conocer lo más reciente que se hace en el mundo de la literatura infanto-juvenil. “Durante 40 años esta editorial había sido muy clásica pues publicaba a los mismos autores cubanos y los mismos extranjeros. Rompimos un poco con eso y tratamos de poner más autores contemporáneos cubanos y extranjeros en la nómina. Eso tiene el inconveniente de batallar por los derechos, pues los libros a veces no son de los autores sino de los editores. Pero cuando logras que te cedan la publicación desinteresadamente, te das cuenta del símbolo que todavía significa Cuba para la gente.
“A la vez, se amplía el horizonte del lector cubano, que no siempre está preparado porque, paradójicamente, esos son los libros que menos se venden. Como dice el viejo refrán campesino, la carreta no puede ir delante de los bueyes. La colección XXI queda también como un hito para los autores, para que cotejen lo que se está haciendo en el extranjero. Es una manera de actualizarnos un poco.
“Por otra parte, tratamos de flexibilizar colecciones ya establecidas comoPrimavera, de novelas de amor, con obras más contemporáneas, además de publicar libros de Asia, África o el Caribe sin perder de vista que tenemos un plan que incluye libros de juegos, de ciencias, de arte, etc.”

El unicornio
De Enrique se ha escuchado decir que es irreverente, hiperactivo, rebelde… “Sí, pero con causa. Hiperactivo soy por naturaleza. Los más cercanos a mí no pueden con mi ritmo. Yo mismo tengo a veces que regularme los botones porque tengo un sistema de encendido y apagado que he adquirido con la vida y con la profesión. Todo el día estoy haciendo algo. Soy muy impulsivo.
“La irreverencia no es innata. Solo me vuelvo irreverente ante lo engañoso, lo convencional, lo establecido cuando no vale, cuando es poco convincente. Soy muy cuestionador, muy analítico y hay momentos en que me puedo poner violento cuando siento que algo (o alguien) no es objetivo o es injusto. Rara vez siento aversión por alguien, incluso por personas que me hayan dañado. Por lo que siento aversión es por la indolencia, por la apatía, por el desamor. La vida hay que llenarla de muchas cosas y la vaciedad me trastorna. Cuando hay que desafiar el peligro lo hago y trato de ser fiel a mis amigos y a las causas en que creo, pero lo que siempre me preside es la justicia”.

De las criaturas fantásticas, ¿cuál prefiere?, inquiero.
“Me gustan los unicornios por toda la connotación que tienen. Quisiera ser un unicornio porque es una criatura maravillosa y, por supuesto, tiene un cuerno en la frente que puede utilizar, porque también es necesario defenderse. He escrito cuentos de hadas, de brujas, pero el unicornio es una criatura en la que encuentro una espiritualidad muy grande”.



Epílogo

Este cuento termina en el futuro. El niño unicornio, el escritor alado, sigue inventándose historias; escribe poemas; termina sus libros ahora a medias, entre ellos uno con crónicas sobre su experiencias de lector; reconstruye una editorial en la que radicará la primera librería especializada en literatura infanto-juvenil y una ludoteca para los niños y las niñas; aparece un libro de cuentos que tienen como leiv motiv las alas y otro donde solo hay dragones; le entregan un premio muy grande.
Un día, la autora de este diálogo pasea por El Vedado de la mano de una pequeña feliz porque acaban de comprarle uno de los libros de Enrique Pérez Díaz, su escritor favorito. A la niña se le ocurre que tal vez ella, cuando sea grande, pueda ser escritora de cuentos porque también cree en las hadas, los duendes y en la gente con bondad. La historia de magia estará entonces a punto de recomenzar. 

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Enrique Pérez Díaz: Pacto con el hada de la creación, por Martha Isabel Andrés Román

Enrique Pérez Díaz: pacto con el hada de la creación
Martha Isabel Andrés Román, 17 de noviembre de 2011

El hombre crece. A veces olvida su tiempo primero de sueños y fantasías, esa etapa donde el mundo era un misterio a descubrir, donde todo sorprendía y deslumbraba. En ocasiones, cuando sabe que ha perdido inevitablemente la inocencia primigenia, lo asalta la nostalgia por lo que no volverá.
¿No es acaso ese sentimiento el que despierta en Proust la necesidad de ir siempre en busca del tiempo perdido? ¿No es esa añoranza la que hizo a James Barrie inventarse un país de Nunca Jamás donde la niñez fuera una etapa perenne?
Por fortuna, existen seres que desconocen la melancolía, pues la infancia la llevan consigo, no como una fase vivida o como un tiempo pasado, sino como una actitud de la cual es imposible desprenderse. Ellos jamás hablan del niño que fueron, sino del que siguen siendo, del infante soñador que llevan dentro, aunque esté camuflado, escondido tras las marcas inevitables dejadas por los años.
Los asistentes este miércoles 16 de noviembre al espacio El autor y su obra tuvimos el privilegio de acercarnos a uno de esos hombres-niños que llevan a cuestas el alma fantasiosa y desbordada. Rodeado de hadas, seres presentes en muchas de sus obras, Enrique Pérez Díaz fue homenajeado por quienes reconocen en su labor creativa el aporte vital a la literatura infantil de la Isla.
Hasta la Biblioteca Rubén Martínez Villena de La Habana Vieja se dirigieron amigos y seguidores, muchos de ellos, como Nersys Felipe o Nelson Simón, venidos desde Pinar del Río para presentar sus respetos y afectos al escritor, periodista, crítico, investigador y editor, quien asume en la actualidad la dirección de ese sello dedicado a los más pequeños llamado Gente Nueva.
Las hadas de la soledad, de la tristeza, del adiós, de la menta, protagonistas inquietas de las historias de este autor, recordaron al auditorio la magia que vamos perdiendo mientras pasa el tiempo, esa habilidad de construirnos mundos paralelos.
El balance de su obra fue un momento emocionante. Por la pantalla pasaban innumerables títulos de libros de cuentos, poemas, selecciones, compilaciones, antologías, y el auditorio se preguntaba, admirado, de qué fibra estaría hecho aquel hombre tan prolífico.
¿Los personajes de sus textos? Todos los conocemos: además de las hadas abundan los fantasmas, las brujas, los unicornios… un catálogo inmenso de criaturas del disfrute exclusivo de los que conservan intacta la capacidad de soñar.
Aunque son seres conocidos, no por ello dejan de ser singulares, pues Enrique Díaz les adiciona sapiencia, genio creador, maestría, para mostrar a los más pequeños una realidad alternativa, pero no ingenua o paradisíaca. Como dijeran varios presentes, se trata de una literatura sin tabú, donde las situaciones no son edulcoradas, sino recreada según los sueños del creador.
Las hadas cuentan, Se jubilan las hadas, Y si las brujas te salen, País de unicornios, Fantasmas asustados, Porcelana de Cantón, La canción de los mininos, Aventuras en el valle de las tortugas azules, estos y muchos otros títulos, que para el propio autor resultan innumerables, avalan la obra de Pérez Díaz.
Una producción tan fructífera también cuenta con numerosas distinciones que, dentro y fuera de Cuba, dan fe de su destreza para acercarse al siempre exigente y sincero público infantil. Ha obtenido diversos galardones, entre ellos La Edad de Oro, Pinos Nuevos, Ismaelillo, Abril y los premios especiales Abril 2001 y Romance de la Niña Mala por el conjunto de su obra para niños.
Igualmente ostenta el premio Aniversario del Triunfo de la Revolución del MININT y La Rosa Blanca de la sección de Literatura Infantil de la UNEAC, fue finalista del EDEBE de España y mención especial del Premio Iberoamericano Para Leer el XXI.
Los textos de Pérez Díaz gozan de gran prestigio internacional. Su obra se estudia en programas escolares de Estados Unidos, España, Argentina, México, Martinica y República Dominicana y está traducida al inglés, portugués, japonés, alemán, euskera e italiano.
Merecedor de una beca en 1998 en la Internationale Jugendbibliothek de Munich, Alemania, por su proyecto de investigación sobre los Premios Hans Christian Andersen, ha visitado además varios países del Caribe, Latinoamérica y Europa para impartir conferencias.
Pero probablemente uno de los lauros más importantes lo recibió la tarde de este miércoles: una niña de doce años llamada Carla llegó hasta “El autor y su obra” para manifestar su admiración por el escritor. Según reveló, cursaba el tercer grado cuando se encontró por primera vez con un libro de Pérez Díaz, y desde entonces ha sido una lectora voraz de cada texto del autor.
«Antes de conocer los libros de Enrique, y como le pasa a muchos niños de mi edad, no me gustaba mucho leer. Pero desde que empecé a adentrarme en sus historias la lectura se ha vuelto para mí una gran necesidad», confesó agradecida.

Con Nelson Simón y Nersys Felipe
Pero no fue esa la única muestra de cariño que recibió el autor, porque esa grande de las letras cubanas y escritora trascendental de la literatura infantil llamada Nersys Felipe, llegó desde Pinar del Río con un ramo de flores para homenajearlo.
«Pensé que no tendría la posibilidad de venir, pero cuando desperté esta mañana no pude parar de dar vueltas en la cama y pensar que yo tenía la obligación de estar aquí, no podía dejar de compartir este momento», manifestó.
Los reconocidos escritores para niños Omar Felipe Mauri y Nelson Simón fueron los encargados de conducir las preguntas del público y el debate en torno la obra de Enrique Pérez Díaz. El primero de ellos leyó un texto al que tituló “El pre-Enrique o viaje a la semilla”, recuento de sus primeras impresiones con el que devendría una reconocida figura del ámbito editorial cubano.
Mauri recordó la etapa periodística de Pérez Díaz, cuando su presencia en los medios nacionales ya apuntaba la inquietud de creador que crecía bajo la piel del reportero. Rememoró los intercambios de correspondencia, durante los primeros años de la década del ochenta, en los que ambos escritores se enviaban textos, se leían, hacían sugerencias y observaciones técnicas.
Entre los participantes en el encuentro hubo muchos que manifestaron su admiración por el autor, la relevancia de su fecunda obra en tiempos en los que aún existen quienes otorgan a la literatura infantil una importancia menor.
Según ha confesado el escritor, sus lecturas lo han conducido por las obras de figuras cimeras de la literatura infantil en Cuba: Dora Alonso, Félix Pita Rodríguez, Onelio Jorge Cardoso. De las letras universales lo fascinaron María Gripe y su Papá de noche, Fernando Alonso, Montserrat del Amo, y posteriormente los ganadores del premio Andersen, sobre los cuales emprendió una investigación que permitió conocer en la Isla a muchos de ellos, hasta entonces desconocidos.
En una reciente entrevista ofrecida a Cubaliteraria el autor resaltaba la importancia de la verosimilitud en el intercambio con los niños, la necesidad de tratarlos como seres pensantes y sagaces, capaces de discernir lo que realmente les interesa.
Quizás sea esa una de las cartas de triunfo de Pérez Díaz, pues libros como El terrible sobrino visita a la tía misteriosa, Las golondrinas son como el mar, Inventarse un amigo, La dama del ocaso, Los increíbles piratas del barco de vapor y Los Pelusos. Cuentos policíacos, han sido muy aclamados por el público al que están dirigidos.
Destacable es, además, la actividad de Enrique Pérez Díaz como editor, compilador y antólogo. Fruto de esas actividades son Entre brujas vuela el cuento, A favor de nuestros gatos, Cuentos a caballo, El bolsillo mágico, Desván de América, entre otros títulos importantes.
Entre fotos donde se mostró el recorrido entre el niño que era y el niño que es, Pérez Díaz regaló a los presentes parte de sus anécdotas, de sus experiencias, de los momentos más significativos que han marcado su existencia y su labor creativa incansable.
La tarde de este miércoles fue un recordatorio de que la permanencia de los sueños y la capacidad de fantasear no dependen de la edad, sino de la condición particular, quizás genética, quizás adquirida, de saber arrancarle a la realidad sus mejores matices.
Enrique Pérez Díaz tiene pluralidad de profesiones, cada una de ellas con un inventario extenso de aportes; pero es en su actividad como escritor, en ese pacto que parece haber hecho con un hada, la de la creación, donde radica su legado principal. Seguramente son muchos los pequeños que le deberán, por siempre, el ansia infatigable por la lectura.
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Un brindis por Enrique en el Instituto Cubano del Libro


Con mis entrañables Nelson Simón y Nersys Felipe


Con la familia que hizo posible los origamis con mis versos.


Con Karla, La niña que ha escrito tanto sobre mis libros y ha ganado concursos literarios


El periodista Rafael y María Elena Llana, periodista y una de las más importantes narradoras cubanas. La leí de niño en un libro para adultos llamado La reja y luego coedité su libro Casi todo, antología sobre su cuentística preparada por Ediciones Unión hace unos cuatro años. Somos grandes amigos…

Enrique Pérez Díaz: el secreto de la literatura infantil

Enrique Pérez Díaz: el secreto de la literatura infantil
Kaly Smith Llanes, 12 de noviembre de 2011
Descripción: Enrique Pérez Díaz. Foto cortesía del entrevistadoLa literatura infantil constituye uno de los desafíos más grandes para quien escribe. Es por eso que no muchos autores se enfrentan a ella. Para suerte nuestra, el género en Cuba ha tenido y tiene literatos de renombre internacional. Enrique Pérez Díaz es uno de estos. Muchas son las labores que desempeña este intelectual cubano: escritor, periodista, crítico, investigador, editor y director de la editorial Gente Nueva. Con más de una veintena de obras publicadas en varios idiomas, Enrique Pérez se halla entre los más prolíferos creadores de literatura infantil cubana. Sus libros, llamativos desde los títulos, abordan temas actuales y que pudieran resultar lejanos a los infantes si no fuera por la manera de hacerles llegar el mensaje. Entre los textos más reconocidos se encuentran: Minicuentos de hadas (1992), Sombras del circo (1994), El niño que conversaba con la mar (1999),Minino y Micifuz son grandes amigos (2000), Adiós, infancia (2002), y la serie policíaca Pelusos –entre 1989 y el 2001.
Diversos reconocimientos nacionales e internacionales le han sido concedidos por su trabajo para los niños. En 1997 y 1998 sus proyectos, Presencia femenina en la narrativa infantil y juvenil cubana y el de investigación de los Premios Hans Christian Andersen, le valieron el “Premio Razón de Ser” y una Beca en la Internationale Jugendbibliothek de Munich, Alemania, respectivamente.
En el próximo espacio El Autor y su Obra, miércoles 16 de noviembre, Pérez Díaz, compartirá con el público sus inquietudes y deseos sobre la literatura. Como adelanto al encuentro, compartió con Cubaliteraria algunas palabras:

Eliseo Diego comentó una vez que el misterio de la creación poética lo había aprendido de El gato con botas, ¿quién se lo regaló a Enrique Pérez?
El misterio de la creación poética: es una frase muy hermosa y que me hace felicitarte por mencionarlo, pues pocas veces se habla en una entrevista de algo semejante. Precisamente ahora, mi creación más reciente, todavía inédita, es un conjunto poético titulado «Nada explica el misterio», así que me sorprende sobremanera el que iniciemos esta entrevista hablando de ello. No puedo precisar quién me hizo ese inapreciable obsequio; creo que todo: la vida, mi madre, los libros, el sufrir, el amar, el esperar y desesperar, el temor y el lamento, la añoranza y el desapego, la ilusión o el desvelo. El sueño y la memoria, como diría el gran maestro Félix Pita Rodríguez, quien muy tempranamente me aseguró que yo era un poeta que narraba y quien sostenía que la poesía no es más que “un silencio que alguien de oído muy fino supo escuchar”.

En más de una ocasión has expresado que la literatura infantil no puede ser infantilista, que a los niños y niñas hay que hablarles de la realidad. ¿Qué temas de la realidad cubana son necesarios en nuestros libros infantiles? ¿Por qué?
Yo no diría que se debe hablarles solo de la realidad, me atendría al principio martiano de no mentirles. Cada autor debe tratar los temas que más le toquen de cerca y que pueda abordar con mayor verosimilitud: la literatura no tiene que ser verdadera sino verosímil. Cuando releo pasajes de La Edad de Oro y vuelvo a «Los zapaticos de rosa», me sorprendo siempre (y me conmuevo, que es otra forma de sorpresa) con todas las realidades contrastantes que en un poema pudo captar el gran Martí: desigualdad, muerte, pobreza, amor y desamor, altruismo y egoísmo. Lo primero de un libro no es el tema sino el sentimiento que se le transmite al niño, el modo de mostrarle que él puede ser artífice del mundo en que sueña vivir y no conformarse dócil e ingenuamente con el mundo en que vive. Me gustan los niños rebeldes, emprendedores, curiosos, desobedientes y preguntones. Los temas están en la vida y en la realidad, el modo de abordarlos es lo que los hace nuevos y eternos a la vez. Lo principal de un libro es su historia, su argumento, y la manera en que esa historia –que se debe haber repetido hasta la saciedad en la vida y la propia literatura— sea contada de manera que siempre parezca novedosa.
La próxima Feria del Libro está dedicada a las culturas de los pueblos del Caribe. Como director de Gente Nueva, ¿qué propuestas vinculadas al Caribe tiene la editorial?
Estamos haciendo muchos libros por la dedicatoria de la Feria, son hermosos y complejos como todo lo hermoso. Está Anacaona y las tormentas, en la que el colombiano Luis Darío Bernal retoma la historia de la valiente cacica taina que fue asesinada por los colonizadores; Piratas y corsarios del Caribe, de Luis RafaelY su corazón escapó para convertirse en pájaro, de la ecuatoriana Edna Iturralde (libro sobre los afrodescendientes en su tierra); tres coediciones con Ediciones Unión: Islas, mares y leyendas, de dos queridas autoras dominicanas, Eleanor Grimaldi y Margarita Luciano; El mensaje de Guarionex, de Damarys Reyes Vicente y Los relatos del cacique Aymón, de Luis Iván Echandía, ambos de Puerto Rico. También esperamos terminar Dominó de países caribeños, con sus escudos y banderas y, bueno, otros muchos libros que dejo como sorpresa para el lector…

Es sabido que los escritores de la literatura infantil no reciben tanta atención como aquellos que se dedican a la de los adultos. Sin embargo, en el próximo espacio El Autor y su Obra te rendirán homenaje por el continuo trabajo para quienes saben querer, ¿qué significa esto para Enrique Pérez Díaz? 
Bueno, creo que ambas cosas vienen a significar lo mismo, por lo menos en mi caso: la desatención estimula a seguir trabajando y luchar por salir de lo invisible. El homenaje asusta un poco pues en ese espacio me ha tocado agasajar a muchos colegas queridos, entrañables como Julia CalzadillaIvette Vian, Nersys Felipe. No quiero pecar de excesiva modestia, pero yo quiero ver este Autor y su Obra como el homenaje a la obra literaria y no a la persona. A veces me siento un poco agotado por soportar a esa inquieta e imparable entidad literaria y editorial llamada Enrique Pérez Díaz que ha coordinado o escrito tantos libros y a la que todos le hablan el día entero de literatura infantil, desconociendo que esa es mi profesión, pero amo la música, el teatro, la cocina, los animales, el mar embravecido y a los niños terribles que nadie entiende. Creo que este homenaje significa que sus organizadores valoran mi trabajo y se identifican con esos tantos personajes que tomé de la vida, de mi propia vida. Pero, sí, me alegra mucho que alguien que apuesta por el lector adulto del futuro sea reconocido en este espacio. Eso habla de un lugar ganado por la literatura que se destina a la infancia aunque, paradójicamente, esta contradictoria persona que soy ya se afane más en escribir libros teóricos sobre la lectura o poemas sin edad…

Viajeros somos de un mismo tiempo



Para escuchar...


Viajeros somos de un mismo tiempo
viajeros vamos al ideal,
sobran razones, faltan palabras
queda el misterio y el verbo amar…

Viajeros leves y tan profundos,
viajeros de almas al despertar,
viajar errantes es nuestro sino,
viajar soñando, nuestra verdad…

Viajeros somos por la galaxia
de corazones, del verde mar…
viajeros siempre sin más finales
viajar del Tiempo, remota edad…

Viajeros somos de un mismo verso,
viajeros vamos al ideal,
sobran razones, faltan palabras
queda el misterio y el verbo amar…

Enrique Pérez Díaz o la "Perestroika feérica caribeña" por Alga Marina Elizagaray



* Palabras leídas durante el homenaje a Enrique Pérez Díaz, "El autor y su obra", en la Biblioteca Rubén Martínez Villena el 16 de noviembre de 2011.

Enrique Pérez Díaz ha escrito infatigablemente a lo largo de su tiempo de ser y estar en la literatura cubana, y esto lo ha hecho desde su infancia, convirtiendo su vocación de lector en oficio de creador por obra y gracia de su esfuerzo y talento propios, por su gusto por la fabulación, la investigación, y el sondeo y promoción de cuanto en su sector se ha realizado en las últimas dos décadas. Es un ser que como colofón a su niñez ávida de lecturas de todo lo humano y lo divino, acabó rápidamente con los fondos bibliográficos de cuantas bibliotecas juveniles tuvo entonces a su alcance, no quedándole a fin de cuentas otra alternativa que hacer sus propios libros.

Esa pasión por inventar historias y por analizar las que otros ofrecen, que es su razón de ser, unida a su disciplina, perseverancia y capacidad de trabajo admirables le han llevado a retroalimentar tanto las más importantes vertientes narrativas contemporáneas del mundo de la infancia como sus fuentes de investigación a través de la fantasía, la crítica, el periodismo, la edición, la divulgación y promoción del libro cubano infanto-juvenil. Por todo este quehacer obvio que ha realizado se ha convertido en el autor cubano de su género más actualizado, multifacético y prolífico. Sobre todo esto imagino que muchos de los aquí presentes van a hablar, pero me parece conveniente también señalar cuánto Enrique ha contribuído al respecto con las corrientes de avanzada contemporáneas en la literatura para niños y jóvenes desde sus comienzos y últimamente mucho más aún desde su creación de la Colección Veintiuno de Gente Nueva, que ha logrado fundar después de muchos años rompiendo tabúes, intolerancias, condicionamientos seculares, prejuicios, etiquetas, en fin…luego de lograr toda una ruptura con lo que era necesario superar de la tradición, resguardando lo mejor entretanto con su obra como con la apertura editorial al conocimiento de las figuras más prestigiosas y atrevidas de la vanguardia internacional de diferentes contextos lingüísticos

Quiero ser breve en esta intervención testimonial sobre alguien tan querido y admirado por mí como Enrique, a quien conozco desde sus comienzos literarios y a quien me une una indestructible amistad basada en afinidades electivas no sólo del sector del libro. Justamente quiero referirme a algo que quizá aquí ahora no se toque y en caso contrario agregaría que lo que abunda no sobra especialmente si es algo relevante. Me estoy refiriendo a su revolucionaria irrupción en el mundo de las hadas casi desde sus comienzos como escritor con un enfoque transgresor, contemporáneo, local, y universal muy crítico y un estilo muy singular, muy evidentes durante los ochentas y noventas, período durante el cual estuve muy cercana a él en su formación e información. Fue entonces cuando decidimos armar un libro con sus textos más relevantes de ese corte, que titulamos De hadas, sombras y quimeras, que curiosamente ha permanecido inédito aunque algunos de sus cuentos han aparecido en otras obras posteriores. Hoy se me ocurrió que todavía está a tiempo de hacerse una selección del mismo y darlo a la luz por cuanto considero que estos cuentos representan un aporte valioso en su rol personal de relevo generacional que le pronostiqué en aquella época a alguien tan especial para mí como lo es el autor que hoy homenajeamos.

Como no creo en la casualidad sino en las coincidencias significativas me he dejado llevar por este recuerdo que hoy se me hizo evidente. Este material que en su momento fue tan novedoso y revelador, que constituyó entonces algo que se me ocurrió llamar “perestroika feérica” caribeña. Esos textos aún considero que valdría la pena revisarlos y seleccionar una muestra porque representan tres vertientes temáticas estrechamente interrelacionadas conformadas por narraciones cargadas de arquetipos, alegorías, intertextualidad, y referencias culturales ecuménicas, que rebasan una ubicación espacio temporal, y que manifiestan la asimilación de su contexto con un estilo a tono con el universo convulso y cambiante de fines del pasado siglo, que sigue tan campante todavía durante esta Nueva Era de comienzos del veintiuno, tan presentes en el imaginario del autor.

En suma que esa etapa del autor aporta considerables temas de ficción tratados con modernidad que hacen de su obra una protesta artística y social contra “las furias y las penas” de las ideas y los sentimientos, de la mente y el corazón, poniendo en entredicho la intolerancia, el mecanicismo, la burocracia y el desamor que tan afligido tienen ya a nuestro atribulado planeta pidiendo a gritos cambios radicales y amor incondicional, a través de una auscultación y transformación interna de cada uno de nosotros en cuanto a nuestra escala de valores espirituales e intelectuales, ¿por qué no también por estos textos y su siembra en el lector?

Enrique te felicito de todo corazón, doy gracias a la vida por tu amistad, por tu obra, y por la cercanía que mantenemos No podría recordar ahora mismo si viniera al caso cuántos libros has publicado, aunque me los das todos y suelo leerlos, por la impresionante cantidad de tu bibliografía activa y sin parar de títulos personales, además de tus antologías y compilaciones. No obstante, me siento hoy en el deber de reconocerla y celebrarla en este merecido evento a tu persona y a la calidad de tu trabajo, agradecerte ese quehacer inagotable comprometido con tu tiempo y tu profesión, esa bella labor de servicio en el mejor sentido de la palabra que hace que éste sea un escudo para enfrentar los retos cotidianos de la Vida.



Alga Marina Elizagaray
La Habana, 16 de noviembre del 2011

Pre-Enrique o el Viaje a la semilla, de Omar Felipe Mauri Sierra



ENRIQUE PÉREZ DÍAZ:
PRE-ENRIQUE O EL VIAJE A LA SEMILLA

* Palabras leídas durante el Homenaje a Enrique Pérez Díaz, "El autor y su obra" en la Biblioteca Rubén Martínez Villena de La Habana

Tengo el privilegio de haber visto “nacer” para la literatura a varios escritores de importancia en las letras cubanas. Modesto privilegio, a la vez que entrañable porque sus caminos me hicieron ver mejor mis propios tropiezos y me propuse -hasta donde fueran válidas mis experiencias- evitarles algunos trancos y tropiezos.
Enrique era periodista en un lugar pulcro, ecléctico e inaccesible como un cake de cumpleaños. Recordemos con Carpentier que la arquitectura hace a las personas, y Enrique estaba allí, “arquitecturizado” –digamos-, navegando en la arquitectura de una labor donde intentaba trazar otros horizontes hacia la creación.
De esta forma hallé a Enrique Pérez Díaz, perteneciente a mi generación pero ya establecido profesionalmente en los medios periodísticos del país, por los cuales comenzábamos a reconocerlo y atisbar que tras aquella firma latía la vocación por la literatura.
Y en efecto, no tardaron los textos suyos para darse a conocer, revisar o intercambiar, y acto seguido, los proyectos de trabajo.
Era 1983, 84, 85… y el correo postal daba mucho espacio para la literatura. Nuestras cartas rápidas y elípticas iban repletas de cuentos y poemas, comentarios y observaciones técnicas o referencias al devenir literario anterior y cuáles podrían ser nuestros esfuerzos más genuinos en este campo.
El primer proyecto surgió del azar. Fue un libro a cuatro manos. Como profesor de Literatura fui coleccionista de disparates ortográficos, sintácticos y de contenido de mis alumnos de preuniversitario. Pero al aparecer en una prueba final la revelación sorprendente, el deslumbramiento maravilloso del DECONADICO ATERUTO (dos palabras que podrían significar cualquier cosa: desde un conjuro maldito hasta una supernova recién bautizada) quedé petrificado.
Así surgió la historia de un animal mágico y fabuloso que vivía en la mochila escolar de un niño, que aprendía en las propias clases y un buen día comenzó a hablar, revelando a los niños el complejo mundo de los adultos y sus contradicciones y proponiendo salidas inhabituales, pero entrañablemente humanas a los conflictos que vivían sus amigos. Por supuesto, que llega el momento que el Deconadico Ateruto sale de la mochila y…
La narración alcanzó varios capítulos y si no concluyó fue por mi complicada labor y escaso tiempo.
Pero Enrique no necesita manos ajenas para componer sus historias. Escribía con verdadera pasión y cada carta revelaba un paso más y mejor en el dominio de la expresión, el tiempo narrativo y el punto de vista del narrador. Asimismo, el acercamiento a cada tema se hacía más sustancial, más hondo, más raigal, despojándose lenta pero definitivamente de la inmediatez del hecho, del comentario circunstancial, de la voz pertinaz del narrador, para crear personajes sinceros y plenos de sensaciones y sentimientos, con sus propias voces y actitudes, movidos por las fuerzas del mundo que les rodea y por sus personales energías.
En este punto de madurez y búsqueda, labor y pensamiento, no vacilé en proponerle publicar algún cuento en una editorial modesta y artesanal que sosteníamos desde hacía años los escritores de Bejucal. Era la Colección Valle y todos sus títulos pueden consultarse en la Biblioteca Nacional.
Así vio la luz uno de sus primeros cuentos, en un mimeógrafo de madera similar al que Félix Pita utilizó para su activismo en el Partido Socialista Popular y la emisora Mil Diez. Su sensación de alegría y asombro ante aquel raro ejemplar (recuerdo que fue ilustrado por José Mederos Sigler, hoy un pintor altamente reconocido) fue, sin dudas, por su obra y tal vez por el soporte que la contenía. Era como un viaje a la semilla. Pero no sería el único.
Hablaba al principio del privilegio de ser testigo del nacimiento de Enrique Pérez para las letras. Hoy le agradezco, además, poder decirlo frente a ustedes con la misma sencillez y limpieza de quien ve la semilla convertida en árbol y a su sombra se confía.



Omar Felipe Mauri Sierra

Enrique Pérez Díaz: desde Cuba con amor

En la Plaza de Armas de La Habana se encuentra la Biblioteca Rubén Martinez Villena,
donde aconteció el Homenaje a Enrique Pérez Díaz
Foto: William, "El Gitano", asistente de Enrique en Gente Nueva

La única fuerza es el amor: Enrique Pérez Díaz


“...Siempre me imagino que, en un enorme trigal, hay muchos niños jugando y eso. Miles de niñitos, y no hay nadie cuidándolos, Ninguna persona mayor, quiero decir. O sea, estoy solamente yo, parado al borde de un acantilado rarísimo. Estoy allí porque debo atraparlos si van a caerse por el acantilado, es decir, si vienen corriendo y no ven por dónde van, tengo que salir yo por algún lugar y atraparlos. Eso es lo único que hago durante todo el día. Vendría ser como un guardián en el trigal. Ya sé que suena loco, pero eso es lo único que verdaderamente me gustaría llegar a ser. Ya sé que es una locura”.
 (Holden Caulfield en El Guardián en el trigal, de Jeromé David Salinger).


Amigos míos que están aquí, amigos que están en otras partes, amigos que no sé dónde están, amigos que ya nunca estarán pero guardo conmigo: he deseado en la tarde de hoy, cuando todos, de alguna manera me acompañan, expresarles de qué modo les agradeceré siempre el que me hayan permitido ser como el guardián en el trigal, la obra inmortal de Salinger, como yo, un atormentado por la infancia y sus destinos, un ser raro, único, irrepetible, que apenas nos dejó hace unos meses, pero cuya creación permanecerá con nosotros para siempre. 
Yo, qué soy, quién soy, no sé, ayer en una entrevista me preguntaban, cuál era mi ángel, cuál mi demonio, y solo atiné a responder, ante cuestionamiento tan inesperado, que mi ángel ha sido siempre el trabajo, mi demonio: la apatía, la indiferencia, el ocio, la indolencia y el abandono o menosprecio del trabajo y es que creo en este como una fuerza renovadora y telúrica capaz de cambiar el mundo. 
Soy humano como ustedes y cada amanecer me despierto con un sueño entre los ojos acariciándome la piel y al mirarme en el espejo, me sonrío y les estoy sonriendo a ustedes y poco importa si el mundo se desmorona a mis pies o el cuerpo se me deshace por el mal dormir y el tanto soñar imposibles… me levanto a cada nueva jornada y trato de ser una pieza que mueva cosas y deseos en el universo y pueda hacer feliz a alguien (aunque eso, ustedes lo saben tan bien como, no siempre es posible) y así enfrenté, quizás sin saberlo y sin la madurez que hoy, una obra literaria iniciada en libretas escolares a los 16 años, cuando haciendo teatro captaba alumnos para la escuela de mi madre, una mujer imparable que siempre creyó en la fuerza redentora del trabajo y que fue de las primeras en motivarme el amor por los libros, que coleccionaba con pasión de bibliotecaria y narraba como los ángeles. 
Hubo –y todavía hay- muchos ángeles en mi vida. Con su esencia mágica son exigentes conmigo y me obligan a luchar por el mejoramiento humano que nos pidió ese otro gran maestro: Martí, de quien aprendí a no mentirles a los niños, nunca mentirles, por duras que fueran las verdades a escuchar. Pienso que la literatura es un gran árbol al que todos debemos y tributamos y por eso mi obra a veces la siento ajena y me considero tan autor de El oro de la Edad, Cartas al cielo o Un hada y una maga en el piso de abajo, como mis propios amigos Ariel, Teresa o Magali cuando los escribieron y yo me encontraba cerca de ellos con mi consejo y mi aliento… pero les hablaba de mis ángeles y justo es reconocer que vivo rodeado de ellos: me calzan, guían mis pasos, me acompañan en la aventura editorial de cambiar hacia el futuro una institución establecida como Gente Nueva y hasta me apremian a que escriba más. 
Por eso es que son posibles los milagros de creatividad desinteresada que ustedes han visto esta tarde en torno a una obra literaria, que no me trae más mérito que compromiso hacia quienes la han leído o la leen. No quiero pecar de modestia, pues hasta las virtudes en exceso resultan falsas, pero si algo he escrito y ha trascendido, es por la inspiración que tuvo en la realidad y el modo en que alguien se sintió allí reflejado y, por supuesto, gracias a la bondad de quienes gustaron valorarlo, entenderlo, publicarlo, recomendarlo, leerlo y hacerlo suyo. 
Para mí escribir ha sido un reto: doloroso, traumático, a veces divertido como cuando reivindiqué a la infancia en ese divertimento llamado Escuelita de los horrores, pero sobre todo ha significado alertar en cómo debía cambiarse la faz de un movimiento literario. En otra vida no sé si hubiera sido escritor, pues me fascinan el teatro, la música, el cine, la plástica y desciendo de una familia con inclinaciones literarias y de probados méritos artísticos. 
Por eso cuando me preguntan qué sería en otra vida, respondo: lo que pueda hacer mejor y si se trata de preferencias, suelo decir que mi color es ese azul que recuerda cielos infinitos, mi ave es el Fénix, milenario pájaro mítico capaz de renacer siempre de sus propias cenizas, mi elemento el fuego, al que solo basta una chispa para encenderse y producir un incendio de emociones, mi paisaje más añorado el mar y su placentera sensación de libertad o puente hacia otros mundos y personas y mi don más codiciado: el amor, sentimiento milagroso que nos permite amar sin fronteras y con ello sentirnos más libres y universales. 
Ya lo dijo también Martí: La única verdad en esta vida y la única fuerza es el amor. En él está la salvación y en él está el mando. El patriotismo no es más que amor. La amistad no es más que amor.
Por eso, a todos los que me han permitido ser y me han retado a existir en este aprendizaje diario de la existencia, a todos los que en distintos momentos que acompañaron o sufren mi poderosa energía y mis constantes iniciativas imposibles -y aún lo hacen- les digo gracias, y como suele decir una persona muy especial que también hoy está aquí: los respeto y los amo hasta el infinito y más allá… Muchas gracias…

*Discurso pronunciado el 16 de noviembre de 2011 durante un homenaje al Autor y su Obra en la Biblioteca Rubén Martínez Villena, La Habana, Cuba.

Enrique Pérez Díaz: un autor rodeado de magia

El 16 de noviembre fue un día muy especial para la literatura infantil y juvenil cubana. En la Biblioteca Rubén Martínez Villena, en La Habana, fue organizado un homenaje a Enrique Pérez Díaz, que además de ser el Director Editorial de Gente Nueva es uno de los autores mas prolíficos de Hispanoamérica. Ha explorado la infancia de norte a sur y de este a oeste, narrador de lo cotidiano es sin embargo un habitante de los terrenos de la imaginación y posee una afinidad de portento con las cosas y los seres del mundo mágico, con los símbolos y los sueños, con los ángeles y las hadas.
Desde México, tuve oportunidad de participar en esta fiesta mediante algunos videos donde he recreado poemas de Enrique. Para que llegaran a La Habana en todo su esplendor cariñoso fuimos ayudados por Olimpia, quien viajó a México y se llevó el mágico paquete. William, el secretario de Enrique hizo un video largo con 6 poemas elegidos del torrente de creatividad con que Enrique ha refrescado las páginas de Voz y Mirada: Amanezco, Hada Soledad Alma de pez, Hada tristeza, Hada Adiós, El Hada menta

Pero retrocedamos unas horas en el tiempo para revivir esta jornada mágica. A la entrada de la Biblioteca Rubén Martínez Villena se reparten palomas origamis con el misterio 8 incorporado.... Escrito en una paloma, aquí lo pondremos en audio para que nunca se acabe el misterio:



Con una paloma en la mano, los ya hechizados asistentes ingresan a la Biblioteca, donde se proyectan los videopoemas de Enrique grabados por María. Y de repente, una mágica Dayana, vestida de hada se pone a contar una de las más famosas historias de Enrique: ¿Se jubilan las hadas? Y al final de la narración hace su entrada el autor, quien se sienta entre el público. Desde aquí lo imaginamos con esa amplia sonrisa que lo caracteriza, y arropado por su enorme sencillez asistiendo a la proyección de una presentación de su vida y obras mientras se escuchan el Canon de Pachelbel y música de ERA, de las favoritas de Enrique. Aquí, un fragmento de esa presentación que nos hicieron llegar algunas hadas:


Después, la locutora de televisión Yumié Rodríguez presenta a las personas que hablarán del homenajeado:

En primer lugar, Nersys Felipe, una de las escritoras cubanas para niños más famosas, que tiene 75 años vive en otra provincia y desafió las incomodidades de un viaje difícil para estar con Enrique y entregarle el ramo de flores que dan los organizadores de la actividad.


· Carla, niña de 12 años que ha trabajado como nadie la obra literaria de Enrique...

· Omar Felipe Mauri lee breve comentario sobre los inicios literarios de Enrique en los cuales él participó.

· Alga lee su ensayo sobre el tema.

· Soledad Cruz, conocida periodista desde hace tres décadas, habla de su amistad con Enrique y se marcha por problemas personales

· Nelson Simón, poeta y autor Premio de la Crítica en cuatro oportunidades habla de Enrique como editor y de su amistad.

· Enrique Gómez habla de la pasión y la entrega de Enrique a su labor como Director de Gente Nueva y de su cariño y deseos de que todo salga siempre bien…

· La primera bailarina de Danza contemporánea de Cuba, Isabel Blanco recita poema dedicado a Enrique.

· Anduin Pérez Chang, hijo de Enrique presenta a su joven y penosa amiga Amalia Gómez para que nos cuente de…

· Amalia Gómez, la lectora que descubrió inédito La dama del ocaso, novela para adolescentes de Enrique

· La destacada autora María Elena Llana habla de cuando Enrique era un joven que comenzaba en el periodismo y de su carácter jovial y emprendedor

· Emilia Gallego Presidenta del Comité Cubano del IBBY habla con una sola palabra de Enrique: Bueno y generoso.

· Entrega de regalos a Enrique (muuuuchos):  Un gato de Origami , Distinción a la Humildad,  cuadro con un búho y un gato, animales tutelares de Enrique, libros, camisetas...

· Palabras de Enrique

· Despedida en medio de abrazos

Y para terminar un muy alegre y cálido brindis en el Instituto Cubano del Libro, del que llegaron vibraciones y energía hasta varios países donde los libros de Enrique prosiguen caminos de amistad y de magia.

Con la familia responsable de las palomas de origami que hicieron volar los versos de Enrique

Para Alejandro Helios, su brillo de sol...

Para Alejandro Helio, su brillo de sol, y para María su descubridora en nuestro (o en todo) el Tiempo. 
Enrique Pérez Díaz. 


Alguien te ama
sin que sepas
alguien pena de amor
alguien que sueña
cuando te inventa
sin encontrar la ocasión.

Alguien te ama,
no lo olvides,
alguien que ya te soñó
mientras quimera seas
de alguien, eterno,
vivirá tu corazón…

Alguien te ama
y desespera
en la noche sin canción
y que siempre perdido
va y busca el ocaso
aunque le traiga tu adiós…

Alguien te ama,
no lo olvides,
alguien que ya te soñó
mientras el sueño seas
de alguien, por siempre,
vivirá tu corazón…



(C) Enrique Pérez Díaz
Voz: María García Esperón
Música: Alexandria. L. Einaudi
MMXI

Cuentacuentos en Madrid 1998


Con una de las más grandes cuentacuentos de Madrid: Ana García Castellanos, luego de una contada en que ambos intercambiamos, en un inolvidable año 1998, cuando me lancé al mundo por seis meses... (EPD)
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Corresponsal de prensa


Corresponsal de prensa en la Isla de la Juventud (de Pinos) a los 23 años, en el Presidio Modelo, una institución de triste recordación en la historia cubana, hoy museo.
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Siempre será amanecer

Enrique Pérez Díaz. Foto: Día del Autor

Para escuchar



Siempre será amanecer

en mi sueño y en mi tiempo,

siempre abriré mi ventana

por si volvieras de nuevo.



Siempre mi prisa te hará

apurarte en el intento,

alcanzar uno y mil pasos

de mi voz hasta el silencio.



Siempre despertaré contigo

aunque fueras de distancia,

no importarán tus edades

o si niegas mi añoranza.



Siempre será amanecer

en mis ansias de quererte,

omiso seré a los silencios

en que te escudas al verme…



Siempre borraré tu ausencia

de mi alma o mis senderos,

no escucharé cuanto digas,

cuando mientes por despecho.



Siempre será amanecer

aunque noche o en invierno,

el alba vendrá siempre contigo,

como un regalo del tiempo.



Noche a noche mediré

el confín hasta tu alma,

pasó a paso llegaré

al ocaso en tu mirada…



Siempre será amanecer

aunque pasaran los siglos,

seré joven y fiel en la espera,

universo todo e infinito…



Siempre será amanecer

en mi sueño y en mi tiempo,

siempre abriré mi ventana

cuando al fin venzas tu miedo.



Siempre será amanecer

en el ansia de encontrarte,

serás velero que viene

y yo, la palabra amarte.



Siempre será amanecer

en mi sueño y en mi tiempo,

mi corazón será puerta inmensa

cuando escapemos al cielo.

Amanezco (video)


Amanezco

Amanezco en mi castillo,

en la torre del misterio,

el castillo de la bruma,

el sinfín de todo el viento.



Amanezco con tu nombre

que me incendia los anhelos,

palabra mágica y sacra,

que deambula por mi sueño.



Amanezco a un día nuevo,

que sin embargo es el mismo:

aguardarte allá en la prisa,

esperar en el silencio.



Es mi silencio un refugio,

donde se duerme tu imagen,

es mi silencio un abismo,

donde te oculto del viento.



Amanezco en mi castillo

y mi ventana es un puerto,

mis ojos son la marea,

mi sentimiento es lo incierto.



Amanezco y atrás quedan

las horas de mi desvelo

y yo gritando tu nombre

frente a las olas y el viento.



Caprichoso como un sueño

viajo yo siempre en mi anhelo

y poco importa si duermo

o despierte con tu beso.



Hasta de ti te deshaces

en puro afán, vano intento,

te escondes como una sombra,

sin paz, sin luz ni universo.



Mas no imaginas acaso

que tu tiempo ya es mi tiempo,

que el amor es una fuerza

que nos mueve sin quererlo.



Amanezco a un día nuevo

en la torre de mis sueños

y nada importa si tardas,

cautivo, te espero en mi sueño…


(C) Enrique Pérez Díaz
Voz: María García Esperón
Música: Yiruma
MMXI

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