Enrique Pérez Díaz

Enrique Pérez Díaz
(La Habana, 1958). Este polifacético creador ha abordado la literatura para niños desde todas las perspectivas. Como ensayista, su obra ha sido publicada en los principales medios impresos de su patria, Colombia, Argentina y México. Conferenciante, ha recorrido Europa y América, en muchas ocasiones también como cuentacuentos. Aunque sus cuentos y poemas para niños transcurren en el mundo de hoy, Enrique siempre apuesta por la imaginación y la fantasía. Posibilitador de imposibles, sus muchos libros describen el poder que las hadas otorgaron a este isleño para convertir la tierra firme en un mundo dúctil de sueños. Es director de la Editorial Gente Nueva. Vive en La Habana. (María García Esperón)

Los que escriben para niños...

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Entrevistas de Enrique Pérez Díaz a autores de LIJ. Columna en Cubarte

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Literatura para niños y jóvenes ¿la oveja negra? (Cuba Contemporánea)

Fuente: Cuba Contemporánea

Foto: Enrique Pérez Díaz en Bolonia. Marzo 2014

Por Lorena Sánchez

16 Sep 2014 - 10:05am 


Cuando en 1997 el fenómeno editorial conocido como la Pottermanía –en referencia a los sucesos que circundaron la publicación de la saga del joven mago británico, sustentados además por una fuerte industria cultural– apenas comenzaba a notarse en el corpus de la literatura para niños y jóvenes a nivel mundial, muchos de los cubanos comprendidos en esas edades iniciaban, con lo que en su momento sería la heptalogía de J.K. Rowling, su camino por la lectura.

Mientras, para el año 2003 aparecía en el campo literario insular El diablo ilustrado, una suerte de bestseller cubano que –salvando las distancias– provocaba en los jóvenes lectores de nuestro contexto un fenómeno similar al de Harry Potter, en la medida en que los volúmenes se agotaban en las librerías del país y las endemoniadas colas en La Cabaña no tenían para cuando acabar.

Estas circunstancias, sin embargo, difícilmente se han repetido, salvo en la presentación durante la Feria del Libro de La Habana en el año 2011 de El hombre que amaba a los perros, del escritor y periodista cubano Leonardo Padura.

Si bien la literatura para niños y jóvenes en Cuba desde los años 70 hasta la fecha ha evolucionado en tanto es más comprometida con las problemáticas de la infancia, más cercana a la realidad sin desdeñar del todo lo mágico o fantástico, lo cierto es que las condiciones del sistema editorial cubano no propician fenómenos como los anteriores, los cuales de alguna manera enriquecen el campo cultural, pues el lector actual está espoleado por otras motivaciones e inquietudes que no son las de un tiempo atrás.

Para finales de los 90, este tipo de producción en el mundo estuvo marcada por lo que comercialmente se denominó el “boom de los temas difíciles”, los cuales fueron motivados por la concepción de los niños y las niñas que promueve la Convención: seres humanos con derechos al interés superior y a la participación. Tendencia de la cual Cuba no estuvo ajena.

Unido a ello –explica Denise Ocampo, investigadora del Instituto de Literatura y Lingüística–, la tendencia a escribir sobre las penurias del período especial, problemas de los cuales los más pequeños no estuvieron exentos, influyó en que las comunidades de escritores en la Isla asimilaran dentro de sus lógicas autorales temáticas relacionadas con algunas zonas dolorosas de la realidad.

Denise Ocampo, quien realiza una investigación sobre cómo se manifiesta la carencia material y la desigualdad social en la narrativa para niños publicada en Cuba por autores que radican dentro y fuera del país, indica que si bien en el período de 1958 a 1998 existen “un montón de obras en el estante vacío” –pues las preocupaciones en torno a estas temáticas no habían sido plasmadas o no se han podido encontrar obras que lo certifiquen–, a partir de ese último año la pobreza y la desigualdad social comenzaron a impregnar de algún modo la producción literaria dirigida a ese segmento.

De esta manera afloran obras como Cartas al cielo (1998), de Teresa Cárdenas; Lo que sabe Alejandro (2003), de Andrés Pi Abreu, y El mar no tiene color (2012), de Enrique Pérez Díaz, por solo citar algunos ejemplos.

En la literatura cubana actual para niños y jóvenes coexisten las historias tradicionales con las contextualizadas, con las intertextuales hacia figuras del canon literario o cinematográfico mundial. Según Enrique Pérez Díaz, escritor y director de Gente Nueva, “los autores se han ido abanderando en los temas difíciles otrora proscriptos, como pueden ser la muerte, la orfandad, las familias disfuncionales, el racismo, la emigración, la intolerancia hacia lo distinto que es temido, la guerra –no mundial ni planetaria o galáctica– sino del día a día.

“De una literatura aniñada, conservadora, antropomorfista y animista, se evolucionó más hacia el sujeto niño, pero no siempre se logra la adecuada comunicación, porque a veces esta literatura se resiente de ser poco literaria y muy temática, circunstancial”, sostiene.

¿El mundo al revés?


La literatura para niños y jóvenes como institución tiene un problema serio de estatus, en el sentido de que es menos reconocida que la que se concibe para adultos, aun cuando con el paso de los años se ha producido una apertura hacia lo lúdico y estético, y la producción de libros para esos segmentos es una prioridad dentro de la política cultural del país.

Las editoriales tienen en plan publicar cien libros, comenta Denise Ocampo, pero se mira con cierta suspicacia o menosprecio a este tipo de literatura. “Ello se vislumbra cuando leemos entrevistas a los autores. Podemos apostar a que siempre está la pregunta de por qué escribe para niños y cuándo lo hará para los adultos”, subraya.

En Cuba abunda la narrativa y poesía para niños, mientras que en menor medida se desarrolla el teatro y las historietas. Pero esta producción para los adolescentes es mínima.

De acuerdo con El consumo cultural y sus prácticas en Cuba (2010), investigación de un colectivo de autores del Centro Juan Marinello, solo el 78,4% de los jóvenes acostumbra a leer habitualmente y entre los géneros predominantes se destacan las novelas de aventuras (56,7%). No obstante, según los expertos, en Cuba apenas se escriben o publican novelas, sino más bien noveletas. Así, quienes encontraron un disfrute en las “obras de gran aliento” de la literatura universal no tienen una contraparte en la producción nacional, circunstancia que incide –entre otros factores–en el desconocimiento de los lectores de nuestra producción contemporánea.

El desconocimiento viene aparejado, además, a la dispersión en los centros de emisores de este tipo de literatura en la Isla –en cada provincia existen editoriales territoriales, cuyas producciones apenas circulan por el país. Para Rubén Rodríguez, escritor y periodista holguinero, la promoción también es un factor indispensable, pues no se entiende como un sistema de acciones encadenadas para lograr un propósito.

Actualmente, explica, se reeditan clásicos de la literatura universal y cubana, así como autores contemporáneos. La política editorial de casas como Gente Nueva es bastante amplia e inclusiva, al menos con los creadores cubanos y una zona no comercial de la literatura para niños y jóvenes que se cultiva en el mundo. También con clásicos menos conocidos o autores contemporáneos que escaparon históricamente de las políticas editoriales acerca de qué debía o no leer el público cubano. Sin embargo, “en cualquiera de los casos es insuficiente la publicación de libros si tenemos en cuenta la amplitud de los apartados”, señala.

En las circunstancias actuales, no obstante, se trabaja por satisfacer a los autores que presentan obras decorosas (publicables) a las editoriales, pero muchas de las casas editoras ni siquiera conocen bien a los creadores que editan, no los siguen en todas sus ediciones con otras casas o en el extranjero, ni se dedican a valorar su obra inédita de manera sistemática e integral.

Al respecto, Enrique Pérez Díaz asegura que al no existir un centro de investigación y/o documentación de la literatura para niños y jóvenes, y estar algo desactualizadas las bibliotecas –no solo en libros sino en capital humano conocedor– pues los editores simplemente escogen aquello que les parece más publicable o menos problemático o, simplemente, lo que encuentran adecuado según el gusto de sus consejos asesores.

“Todavía no se estudia de manera crítica e integral la producción anual de las editoriales que dan a la luz libros para niños y jóvenes”, comenta. “Descontando que aún hay mucha obra inédita (y de calidad) por publicar. Otro tema importante sería si los comerciales de cada editorial llevan el libro a su mejor destino. Por ejemplo, leyendo un informe de ventas de nuestra librería detecté que Los elementos químicos resalta entre los libros menos vendidos del mes de agosto, pero ¿se presentó en algún preuniversitario? En cambio, entre los más vendidos del verano sobresalió –gracias a una inmensa promoción– Todos mis cuentos, de Ivette Vian, que hace dos años tuvo una venta más lenta”.

Para contrarrestar esta situación, la editorial Gente Nueva aboga porque los editores se hagan responsables de colecciones, que tengan un sentido de continuidad de las obras y autores que publican. Así, existen Pétalo, de poesía para jóvenes, y Trébol, para niños; Canta conmigo, de álbumes para colorear con canciones de la tradición; Ámbar, de ciencia-ficción y fantasía; Veintiuno, de narrativa contemporánea cubana y extranjera, entre otras.

En disímiles latitudes, las editoriales –urgidas por vender para subsistir– trabajan más en función de satisfacer las demandas, razón por la cual muchos volúmenes cuentan con un buen argumento, puntos de vista cinematográficos, elementos cotidianos, tensión, misterio, retos para el crecimiento del lector, quien en el contexto cubano tiene un gran desfasaje con los que se publica en el exterior.

Aun cuando en la colección Veintiuno, novedosa en su forma y contenido, se alternan desde un autor de provincia hasta un premio Hans Christian Andersen (el llamado Nobel de la literatura para niños y jóvenes), desde un autor que hace humor en sus textos como la italiana Bianca Pitzorno, hasta un joven como Maikel García Calviño que, con su novela El enigma de la rosa de marfil, entrega una apasionante historia de misterio donde se hace un recorrido artístico por el patrimonio cubano.

“El desfasaje intelectual –insiste Pérez Díaz– influye también en los autores, pues en ocasiones, por desinformación y pocas lecturas, creen haber innovado o descubierto lo último en su libro. Cuando verdaderamente hacía ya mucho tiempo que alguien había tocado esa historia o esa manera de escribir. De modo que en Gente Nueva, desde el 2007 tratamos de publicar también para los autores. Además, una de las estrategias que se potencian en la actualidad es la creación de un grupo de librerías especializadas como El Cochero Azul, que orienten al lector y le ofrezcan el abanico de opciones que hoy se editan”.

Rubén Rodríguez, por su parte, advierte que existen otros títulos o temáticas que no tienen cabida en nuestro contexto por lo referente a los derechos de autor. “Ni hablar de los bestsellers vedados al modesto presupuesto con que cuentan nuestras editoriales para negociar publicaciones. Una parte de los autores contemporáneos que se publican actualmente se debe a la “filantrópica” o “solidaria” cesión de derechos, aunque la democratización tecnológica y bibliotecas virtuales permiten tener acceso a estos materiales que de otro modo no podríamos consumir. En cualquier caso, no se publica todo lo que el lector busca”, concluye.

La lectura, el e-book y los desafíos ante “el nativo digital”


Existe en el campo literario cubano un problema que atraviesa la producción. Si bien el escritor crea el corpus en torno al cual tienen lugar el resto de los procesos –edición, impresión, promoción, comercialización y consumo–, en esta cadena hay un sentido que se pierde. La lectura, unido a todo cuanto sucede con la recepción del lector, es un ciclo vulnerable donde abunda el desconocimiento, incluso, en actores que pueden desarrollar los hábitos del consumo de la literatura.

Los libros para niños y jóvenes son posiblemente los más comercializados en el país y lo seguirán siendo. Mientras, paradójicamente –en palabras de Denise Ocampo–, seguirán sin ser leídos, porque muchos actores sociales no se reconocen como promotores de lectura, tal es el caso del bibliotecario, el librero y los padres.

“Estos últimos salen de la Feria con jabas de libros, muchos de los cuales nunca cumplen el objetivo para el que fueron creados. Los padres deben incentivar la lectura en casa, pero no esperar que los niños arranquen solos a leer y más hoy ante las distintas mediaciones tecnológicas que pueden impregnar la vida de los lectores más jóvenes”, comenta.

Ante tales desafíos las editoriales cubanas buscan alternativas y por primera vez piensan en crear formatos y colecciones que se acerquen más a lo que busca el público, lo cual –según Enrique Pérez Díaz– no siempre es posible de satisfacer debido a la materia prima disponible y los insumos cada vez más costosos.

De esta manera, desde hace dos años el e-book supone una puerta por donde se fugan muchas de las soluciones, las cuales no solo se circunscriben al libro electrónico, sino además al audio-libro, la multimedia y otros soportes.

En el caso de Gente Nueva, asegura su director, desde hace tres años tiene parte de su fondo histórico adaptado al formato de los e-book y lo comercializa en la plataforma de Ruth Tienda a través de Ediciones Cubanas. “En medio de nuestras dificultades para producir, el libro digital es una opción de preferencia pues abarata los costos y ofrece unas infinitas posibilidades de comercialización, desde luego, acompañado de una fuerte promoción”, concluye.




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