Publicado por : María García Esperón octubre 15, 2013


Milagros del Hada Menta en La Habana

Por: Jorge Luis Peña Reyes.

Con su varita 
de yerbabuena 
el Hada menta 
sale a pasear. 
M.G.E

Casi me negué a ese vaticinio que había creído mucho tiempo atrás. María García Esperón estaba en la Habana y yo a novecientos kilómetros de ella. Habíamos intercambiado cientos de mensajes para hablar de sueños, algunos cumplidos, otros por cumplir, pero éste de encontrarnos para intercambiar libros e ideas en un punto de la geografía cubana que era la editorial Gente Nueva, junto a Enrique, Galia, William y otros amigos, era un sello trascendente para nuestra amistad.

Me fui a la capital arrepentido de no haberlo hecho antes y lamentando que esas doce horas que transcurrió el viaje, fueran más que el diálogo con esta amiga. A fin de cuentas la red es solo el principio útil, hasta que los encuentros se hacen más humanos y presenciales.

Foto: Olimpia Chong

Ella llegó desde el hotel Neptuno vestida de verde. La mañana giraría en torno a su segundo libro El hada menta, que vio la luz durante la Feria del libro el año pasado. Todo fue calculado con milimétrica delicadeza.

Allí estaban las niñas de Yumié Rodríguez con su despliegue de narración y baile español que puso en el aire a muchos,en tiempo de palmas y castañuelas.


Su texto del hada abandonó el papel troquelado y se hizo música, danza, risa y amistad. Llegaron las cámaras, la televisión, los micrófonos, la gente con sus libros para que se los autografiara, llegaron los niños; en una oleada que buscaba ante todo guardar memoria de un acontecimientoliterario entre México y Cuba que ya no podría diluirse en el tiempo.Ni se sabe cuántos proyectos se gestaron en los estrechos pasillos de la editorial, cuántos sueños nacieron en esa sensibilidad que imanta y que tiene que ver más con la calidad humana que con la institucionalidad.

Enrique Pérez Días, María y Yumié Rodríguez
Foto: Olimpia Chong

Luego en la librería El Cochero azul, rodeados de hermosos y buenos libros como quisiéramos estar siempre los autores, escuchamos un diálogo poético entre Enrique y María; poemas nacidos también desde la distancia, inspirados con la complicidad de la mitología e hilvanados ahora como una sola pieza, para dejaren en el público un gusto por la lírica como deslumbró en tiempos pasados a quienes disfrutaron de los juglares. 

Ellos terminaron por aplaudirlos y agradecerles.

No hubo mejor oportunidad para presentar ante María las luchas cotidianas, los embates por destacar la sensibilidad ante los rígidos mecanismos burocráticos, que la conversación sostenida con Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro y su permanente apuesta por la inteligencia y la alta cultura.



La despedida tenía que ser de altura, así que nos fuimos al apartamento de Enrique ¡en el sexto piso de un edificio en Alamar!, donde no había casi espacio para lo que no fueran libros, reconocimientos y buenos recuerdos.Además de la visita de la autora mexicana, asistían otros que en forma de libros llegaban de todas partes del mundo,como aspirantes al premio Andersen, reconocido como el Nobel de la literatura infantil y juvenil ,encargo que comparte Enrique entre un jurado procedente de diez países.

Allí otra vez el intercambio tripartito de libros y de firmas, el almuerzo y la sobremesa a lo cubano que incluyó planes, impresiones y hasta la grabación sonora del extenso poema amatorio, como para que nada quedara en el éter o lejos del poder íntimo de la amistad. Las hadas no se jubilan, Enrique, volverán una y otra vez a la Habana para dejarnos su magia, con sabor a menta y a esperanza.

13 de octubre de 2013





Versos del recital "Sin era y jamás", 

por Enrique Pérez Díaz y María García Esperón

Enrique, María, Jorge Luis... ¡al infinito y más allá!




De cara al cielo
de frente al mar
una palabra
se echó a llorar.

Se sentía sola
sola de atar
en una almena
de soledad.

Del otro lado
en otro mar
otra palabra
en otra edad,

en una playa
blanca de sal
con alas blancas
se echó a volar

Hay un fuego aquí en mi alma
que no se apaga jamás.
Es una hoguera de sueños
imposibles de alcanzar.


Hay un fuego en la mirada
que se escapa tras tu andar.
El sentimiento de un nunca,
la promesa de un quizás.


En el espejo de mi alma
te asomaste al despertar.
En el cristal de mi sueño
estuviste, sin llegar.

En el espejo de mi alma
te dibujas sin pensar.
En el cristal de mi sueño
tu imagen, que no se va.



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